• 30 de septiembre de 2014
es

Niña Dorita, «una razón para vivir la vida»

Felipe y Niña Dorita, El Salvador 2014

De Felipe, misionero chileno en El Salvador:

Yacía su cuerpo desnudo, con alrededor de 80 años de edad, en aquella camilla del centro de salud y sus párpados se iban cerrando. Esa camilla era el mejor colchón que en años ella hubiese probado, y para nuestra comodidad era mejor que durmiera, ya que de esa manera éramos capaces de limpiarla de todas las garrapatas que se asomaban desde sus orejas... La doctora Melisa al revisarla nos hizo darnos cuenta que toda Niña Dorita estaba cubierta. La dedicación tenía que ser por entero, así que junto con la Doctora y Juana, una hermana de comunidad, nos dispusimos a limpiarla completamente. Usamos pinzas y un recipiente con agua que contenía lejía, empezamos a sacar las garrapatas una por una. Al cabo de 3 horas de trabajo, la llevamos al baño, donde improvisando una ducha, la bañamos. Niña Dorita se volvió a dormir en la camilla, ahora ya con ropa limpia... nosotros, sentados frente a ella empezamos a velar por su sueño bajo el rezo del rosario...

Actualmente llevamos de manera regular a Niña Dorita donde la doctora Melisa que la atiende gratuitamente. Las veces que la visitamos intentamos ordenar su cuarto y bañarla, y darle algunos medicamentos para su salud. Es cierto, las ratas no se han ido del todo y las garrapatas aunque son muchas menos que antes, siguen escondiéndose en alguna de sus ropas.
Pero lo escandaloso de nuestra presencia no es ir (solo) “ayudar” o “sacar” de la miseria al pobre, más bien, es reconocer que con nuestro nada y su nada, con nuestra presencia en ella, y ella tan presente en nosotros constatamos la Vida. Dar, recibir y “ser” un signo de vida, es volver a acariciar en nosotros el sentido de vivir, nuestra “razón de vivir la vida”. Salimos de nuestras propias miserias cuando nos sentimos vivos, nos sentimos vivos cuando nos sentimos amados por otro, a quien yo también me permito amar.
Lo que deseo y espero para Niña Dorita, y para ti, es que encuentren su razón de vivir, yo voy vislumbrando la mía, cuando me sentí tocado por la mano suave de alguien que se empezó a interesar por mí, a intentar descubrir mi misterio, a preguntarse quien soy, a conocerme, para luego cuidarme, porque se cuida al que se quiere. “Nadie puede ser amado sin ser conocido”.


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