• 25 de mayo de 2014
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Ecuador: De rodillas junto a Joni

Joni y Martin, mayo 2014

Extracto de la carta de Martin, en misión en el Punto Cora­zón de Ecua­dor, mayo 2014:

Quiero pre­sen­tar­les a un gran amigo y maes­tro, un lucha­dor, un hombre que tiene en el hogar unos cuatro meses más o menos y es increí­ble la faci­li­dad que tiene para hacerse amar. Creo que le cambió la cara a todos ahí. Se llama Joni y a pesar de estar pos­trado y sufrir mucho, siem­pre tiene una gran son­risa para rega­lar a todo el mundo. Ver­da­de­ra­mente dis­fruto com­par­tir tiem­pos con él, suele estar acos­tado, o en oca­sio­nes lo ponen un rato en una silla de ruedas. Digo que es un gran maes­tro porque me enseña mucho de la humil­dad, ya que no puede valerse por sí mismo para nada, hay que darle de comer y hasta para orinar tiene una sonda. Mi tiempo con él es tan impor­tante y bello porque puedo ver con­cre­ta­mente al Cristo sufriente.

Estar un rato ahí al pie de su cama me pone en una pos­tura con­tem­pla­tiva. Tam­bién me pro­voca el hecho de que la única pos­tura justa y ade­cuada ante él para aten­derlo, darle de comer, escu­char su deli­cada voz cuando habla­mos o nece­sita pedirme algo, es ponerme de rodi­llas junto a su cama. Con Joni fue muy lindo porque desde el primer día que lo vi y me pre­senté, él recuerda mi nombre y para mí eso es muy lindo porque es como decía antes, es el mismo Cristo que me llama suave y dul­ce­mente para que le ayude.

Joni es un hombre de mucha Fe. Él dice que es evan­gé­lico, siem­pre me pide que le ore, y es justo ahí cuando me eleva más. En su dolor, que en oca­sio­nes le hace hasta llorar y decir “ Martin me voy a morir”, él me pide que le ore. Enton­ces toma­mos un rato de ora­ción juntos, y mismo siendo evan­gé­lico reza­mos algu­nos mis­te­rios del rosa­rio, y su rostro siem­pre cambia des­pués, pasa de las lágri­mas a un silen­cio y paz que me pene­tran, una paz que es trans­mi­tida en su rostro.

Cuando llegué el primer lunes des­pués de la Pascua al hogar, se podía sentir la paz y la ale­gría de la resu­rrec­ción, los abue­los con­ta­ban como habían vivido la semana santa y había una ale­gría par­ti­cu­lar, a Joni le dije: “Joni, Jesús RESU­CITÓ!” y el res­pon­dió con una gran son­risa.


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