• 13 de mayo de 2016
es

Ecuador: IUBILUM, un grito de alegría

Iubilum, Guayaquil-Ecuador, abril 2016

Extracto de la carta de Delcia, de Viedma (Rio Negro) en misión en Guayaquil - Ecuador:

Hoy quiero presentarles a este hermoso grupo de jovencitas que se está iniciando: Evelyn, Daira, Génesis, Denisse, Leonor y María José. Desde que conocí a algunas de ellas (todas entre 13 y 15 años), sentí en mi corazón un gran deseo de formar un grupo al que pudieran pertenecer. En nuestro barrio, esta edad es la más difícil, generalmente comienzan los conflictos en la casa, no se sienten comprendidas por sus padres, conocen a su noviecito y quieren dejar su casa, muchas terminan embarazadas, abandonando el colegio o teniendo un niño que es criado por sus abuelos. Es la edad en la cual muchas decisiones marcan el resto de tu vida, a veces eligiendo solo lo que se conoce o a lo que se está acostumbrado, sin poder ver más allá… entonces, ¿por qué no enseñarles a tomar esas decisiones de la mano de Jesús? Qué importante es sentir que tengo un amigo incondicional que es Jesús y un Padre que me ama sin medida.

Así fue que con Adeline, misionera de Suiza, formamos en nuestro Punto Corazón un nuevo grupo: IUBILUM, un grito de alegría; las “iubi”, como cariñosamente las llamamos. Un día, en uno de los encuentros, les preguntamos cuánto tiempo había pasado desde su última confesión, la mayoría hacía más de 2 años, cuando recibieron el sacramento de la Confirmación. Les preguntamos entonces si querían confesarse, y en verdad, me sorprendió ese SI entusiasta que todas respondieron ¡Qué alegría! Manos a la obra, no se puede dejar pasar esta ocasión… hay que preparar a esas jovencitas para vivir uno de los más bellos sacramentos: la reconciliación con su Padre, Dios.
Prepararon bien su examen de conciencia y con un poco de nervios fuimos todas juntas a la Iglesia “Sagrada Familia”, donde un muy buen sacerdote, amigo nuestro, las confesó y después les habló un ratito. Fue muy lindo ver con que seriedad vivieron el momento y cómo iban saliendo una a una envueltas por ese abrazo silencioso… el abrazo de nuestro Padre, feliz de que hayan vuelto a Él.

Mi corazón se llenó de orgullo casi materno (ustedes ya saben cómo soy). Y después, para festejar este nuevo renacer, nos fuimos de paseo a un parque cercano a tomar un heladito. ¡Doy gracias a Dios por esa hermosa tarde compartida!


Volver