• 8 de julio de 2014
es

Difundir Puntos Corazón, una experiencia de hospitalidad del corazón

María Celeste, Marie-Aimée y P. Eduardo, Villa María, junio 2014

De Marie-Aimée, volun­ta­ria fran­cesa en el Punto-Cora­zón de Lanús (Buenos Aires):

Hace unos días, hice una difu­sión en Villa María (Cór­doba) con P. Eduardo. Era la pri­mera vez, desde que salí de misión, que daba un tes­ti­mo­nio sobre mi expe­rien­cia. ¡Qué difí­cil es trans­mi­tir lo vivido! Pero el Espí­ritu Santo está siem­pre pre­sente y me ayudó a abrir mi cora­zón y a dar todo a esta gente.

Durante estos días de difu­sión, vivi­mos algu­nos “fio­ret­tis” que me gus­ta­ría com­par­tir con uste­des. Ellos son, para mí, signos del actuar per­ma­nente de Dios en nues­tros cora­zo­nes:
<span class="caps">JPEG</span> - 146.1 KB_ Un chico de apenas 9 años me pre­guntó: “¿Cual es el encuen­tro con un amigo del barrio más te tocó? ¿Cómo te sien­tes cuando empieza una amis­tad?". Una pro­fe­sora de far­ma­co­lo­gía, que moles­ta­mos en el medio de su clase, enten­dió a tal punto el carisma de Puntos Cora­zón que dijo al fin del encuen­tro: “Creo que el resul­tado de la misión que hacen estos jóve­nes es sim­ple­mente, y gra­cias al encuen­tro ver­da­dero con Dios, el des­cu­bri­miento de la verdad sobre sí mismo, y es eso lo que todos bus­ca­mos a lo largo de nues­tra vida”.

Uno podría pensar que la meta de una difu­sión es tener encuen­tros bien orga­ni­za­dos con jóve­nes, en cole­gios o en grupos parro­quia­les. Por supuesto, eso es muy impor­tante, porque para que las casas Puntos Cora­zón con­ti­núen y que puedan fun­darse otras, nece­si­ta­mos que salgan más volun­ta­rios de todas partes del mundo. Pero, a la vez, el carisma de la obra es ante todo difun­dir una cul­tura de com­pa­sión, y creo que los encuen­tros sen­ci­llos y gra­tui­tos que tuvi­mos con toda clase de per­so­nas – sacer­do­tes, pro­fe­so­res, niños, seño­ras gran­des de las parro­quias, fami­lias que nos acogen…- fueron un lindo ejem­plo.
<span class="caps">JPEG</span> - 139.7 KBTuve la gracia y la ale­gría de encon­trar a Veró­nica y Mar­celo, un matri­mo­nio que vive en San Marcos Sud, un pequeño pueblo en el campo. Ellos hacen muchí­simo por su parro­quia y espe­cial­mente por los jóve­nes. Sería difí­cil para ellos salir de misión, pero estoy segura que la amis­tad que nació, sus ora­cio­nes, van a con­tri­buir humil­de­mente, tam­bién, al cre­ci­miento de nues­tra obra en Argen­tina.

Esta difu­sión me per­mi­tió colo­car una mirada nueva sobre mi misión, com­par­tiendo con otros las amis­ta­des que vivo y el camino de fe que llevo, des­cu­brí de manera tal vez más clara la Mise­ri­cor­dia infi­nita de Dios, y eso fue ¡un gran regalo! La misión es amplia y no se limita al barrio, por eso esta acti­tud siem­pre dis­po­ni­ble del cora­zón es la forma de com­par­tir con todos el Amor de Dios que nos llena.


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