• 17 de abril de 2013
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Diez años en Estados Unidos:
El inicio de un sueño sin fin

Algunos de los ex-voluntarios norteamericanos - Nueva York, Mayo 2012

de P. Thierry de Roucy

Durante décadas Nueva York ha sido una de las ciudades más atractivas del mundo. ¿Es a causa de sus proporciones gigantescas? ¿De la calidad de sus museos? ¿De su ubicación única? ¿De la diversidad de sus habitantes y de su colorida mezcla de culturas?
Desde sus inicios en 1990, Puntos Corazón también sintió esta atracción universal de la Big Apple. Sin embargo, no por las mismas razones. Era más bien porque Madre Teresa bautizó a Nueva York como la “capital de la compasión” y Juan Pablo II la llamó “la capital del mundo”; era debido a la presencia de la ONU y a la inmensa soledad que penetra los corazones de los neoyorquinos; era debido a la inmensa necesidad de evangelizar esta cultura americana que es constantemente exportada a la mayoría de los países del mundo.

A pesar de la intensidad del llamado, sólo trece años después de la fundación de Puntos Corazón la Providencia nos permitió abrir una casa en el Bronx. Esto fue hace diez años. A decir verdad, la experiencia adquirida en todo el mundo durante esa década, abrazando todo tipo de sufrimientos, no fue inútil. Se necesita ser bien experimentado para vivir en Nueva York. También se tiene que merecer vivir en Nueva York.

Nueva York, más que otras grandes ciudades, es la ciudad de los extremos. Nos asombra, y a veces nos horroriza. Es una ciudad donde las más grandes alegrías encuentran las más profundas penas. Es un escenario para las danzas más placenteras y los crímenes más atroces. Es un lugar donde se pueden vivir encuentros extraordinarios, y no obstante tener muy pocos amigos fieles. Es la ciudad en la que uno amaría vivir para siempre y de la que, sin embargo, a menudo uno sueña con huir rápidamente.

Hace diez años, Puntos Corazón lanzó su ancla en la Bahía de Hudson. Ha habido dolorosas desilusiones y hubo lágrimas amargas derramadas por la dureza de corazón de la ciudad. Hemos compartido horribles agonías. Sin embargo, nunca hemos renegado el haber venido a los Estados Unidos. Puntos Corazón se siente en casa en Nueva York y en Spokane. Desearía que fuese así en muchas otras ciudades por todo el país. Hemos enviado muchos voluntarios americanos y los hemos visto florecer al descubrir el carisma de la compasión: adquirieron una mirada renovada sobre el mundo, una experiencia más profunda sobre lo que significa ser humano, una genuina preocupación por los demás.

El horizonte es amplio. ¡Sin miedos por el mañana! Más bien, con muchos sueños: que nuestra familia Puntos Corazón siga creciendo, que nuevas casas se abran por aquí y por allá -en ciudades y en universidades– para paliar la soledad que consume a muchos; que los Estados Unidos sea mejor conocido por la calidad del corazón de su gente, y menos por las altas y bajas de Wall Street.


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