• 24 de julio de 2015
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Diego, o la mirada de Jesús

Derechos reservados: Chechu Fladung

De Guillermo, en misión con Pamela su esposa en la Fazenda do Natal, Brasil:

Todos los jueves y algunos fines de semana cuido a Diego, un joven de 28 años que está en silla de ruedas, no habla pero de alguna manera logra comunicarse. Diego tiene una especie de parálisis cerebral y una malformación tanto en su columna como en sus piernas que le impide caminar. Él era un niño normal, pero por causa de una meningitis y una fiebre muy alta quedó en este estado. Los días que cuido de Diego, lo levanto, le doy un baño, lo cambio, le doy el desayuno y le lavo los dientes. Luego lo hago participar de mis tareas, llevándolo donde yo estoy e interactuando lo mayor posible con él. Diego es una persona muy simple y que al carecer de todo se deja amar rápidamente por las personas.

A veces hay que hacer mil cosas y no vamos a tener casi ninguna respuesta, solo una sonrisa, un mirar contemplativo a los ojos o una carcajada. El pasa las horas moviendo los dedos con su juego que parece un rosario, que no es más que una cuerda con bolitas de madera. Hace unas semanas salimos a la playa, me encantó descubrir su pasión por el agua, se mata de risa cuando le doy vueltas y cuando saltamos las olas juntos. Es lindo ver que nuestro ánimo es acogido por él. Si estamos tristes, enojados o cansados Diego lo siente y te lo refleja del mismo modo, si estás alegre y animado él también lo va a estar. Es allí donde me doy cuenta que mientras más alegría doy más recibo, mientras más cariño doy más recibo y aplicarlo con Ana y Weverton (los niños con los que vivimos) también funciona. Cuidando a Diego puedo dimensionar un poco de nuestra relación con Dios. Jesús está en Diego, eso es muy evidente para mí y cuidando de él cuido el cuerpo herido de Jesús. Diego me enseña mucho el mirar de Cristo, donde en la simpleza de cada cosa y de cada acto se puede ver lo bueno, lo esencial. Dios mismo sonriendo o llorando. Dios está tanto en lo bueno como en lo malo, solo hay que abrir los ojos, los ojos del corazón.


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