• 23 de julio de 2012
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De Nápoles: «la adoración... y la guerra de agua»

Gennaro, julio 2012

De Mau­ri­cio, Nápo­les (Italia), Julio 2012:

Poco a poco la amis­tad con Gen­naro fue cre­ciendo, tanto que la semana pasada le pro­pu­si­mos pasar una semana con noso­tros en un “cam­pa­mento de verano”.
La pro­puesta era sen­ci­lla: juegos y correr toda la mañana, pre­pa­rar el almuerzo juntos y des­pués por la tarde rea­li­zar dife­ren­tes acti­vi­da­des artís­ti­cas y tam­bién apro­ve­char para que el lazo de amis­tad que estaba comen­zando se haga un poco más estre­cho.

Entre las pro­po­si­cio­nes que había­mos plan­te­ado estaba la de poder com­par­tir con noso­tros un tiempo de ado­ra­ción.
La pro­puesta era pasar 15 minu­tos frente al San­tí­simo Sacra­mento, entre algu­nos cantos y el silen­cio.
En sí, nin­guno de los cuatro que había­mos pro­puesto el cam­pa­mento de verano sabía­mos si esta pro­puesta iba a ser acep­tada, pero por las dudas nos había­mos ima­gi­nado todos los “con­tra” y lo que podía­mos hacer en caso de que los chicos se fuesen por las ramas.

Lle­ga­mos a la Capi­lla y ahí empe­za­mos des­pués de unas pala­bras de intro­duc­ción… y como siem­pre no pudi­mos mas que mara­vi­llar­nos. No sólo Gen­naro, que para que­darse dos minu­tos quieto y en silen­cio lo único que se puede pro­po­ner es correr y jugar durante siete horas; sino que todos los otros esta­ban ahí, en silen­cio, con­tem­plando.
Y en los otros días, la his­to­ria con­ti­nuaba. Giu­seppe, Maria, Rosa­ria, Assunta y Vit­to­ria, al fin todos esta­ban ahí en silen­cio, frente al San­tí­simo y yo no sabía qué con­tem­plar, porque esa acti­tud simple y mara­vi­llada era un ver­da­dero espí­ritu de ado­ra­ción.

Pero lo que más me llamó la aten­ción es que Gen­naro, el último día no podía dejar de mirar el San­tí­simo Sacra­mento. Su mirada y todo su ser esta­ban en ten­sión ahí, pre­sente. Una ver­da­dera acti­tud de ado­ra­ción, como dice la teó­loga Adrienne Von Speyr.

Al fin del cam­pa­mento, des­pués de la salida que hici­mos a la mon­taña para ter­mi­nar con broche de oro, le pre­gunté a Gen­naro cuál había sido la cosa que más le había gus­tado de esos cinco días juntos y la res­puesta fue: la ado­ra­ción… y la guerra de agua.
Nada que hacer, mejor equi­li­brio no se puede encon­trar.


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