• 5 de julio de 2016
es

«Mimi» transformó mi corazón

Punto Corazón, Chile, junio 2016

Extracto de la carta de Daiana de misión en el Punto Corazón de Chile:

“Pero estos niños nos llaman sobre todo a ir hacia Dios…”

En esta carta quisiera presentarles a un amigo muy especial, su nombre es “Mimi”.
Cada día viene a nuestra casa, no sólo una vez sino hasta cinco o seis veces en el día. Pasa antes o después de ir al colegio sólo para saludar a sus “tíos”. Debo decirles que es un apasionado del fútbol, habla todo el día de eso y es gracias a él que puedo enterarme como va River, el Real Madrid o cualquier otro equipo.

Pero ¿por qué hablarles de Mimi? No es por su dura historia o por ser una persona “diferente”, sino por el gran Amor que él me da. Con simples gestos, ya sea regalándome una flor por el día de la mujer o un hermoso dibujo por mi cumpleaños. Con estas pequeñas cosas fue transformando mi corazón. “No se trata de hacer grandes cosas, sino cosas pequeñas pero con un gran Amor” Madre Teresa.

Y me pregunto ¿por qué me ama así? Muchas veces soy la tía que lo reta, que le pone límites, que le dice “es hora de ir a casa, ya es tarde” o “Mimi debes ir a ducharte y regresar bien lindo al Punto Corazón”.
Mimi me enseña a mirar fijamente a la persona que tengo enfrente, a que sea mi todo aunque sea por 5 minutos. Con él puedo jugar y reír mucho, pero también puedo enojarme, regañarlo y aprender a pedirle perdón cuando le he fallado.

Y si debo elegir uno de los momentos que más me ha marcado, les diría que fue el día en que él fue mi maestro. Llegó a la casa con una bolsa de caramelos y nos dio uno a cada uno. Después le dije: “Mimi a la tía le gustan los Rojos”, él mirándome me dice: “Tía se pide Por Favor”. Me quedé asombrada, casi sin habla y hasta avergonzada, había olvidado pedir por favor. Era él, la persona que quizás a los ojos de muchos “no puede hacer grandes cosas” quien me estaba enseñando a mí, de quien muchos pueden decir “puede hacer grandes cosas”. Riendo le dije: “Sí Mimi, muy bien! Por favor, ¿me darías un caramelo rojo?”. Comenzó a reír mucho y me abrazó muy fuerte, y como regalo por haber aprendido esta lección me regaló un “Tía yo la Amo”. Ha sido uno de los Te Amo más sinceros que he escuchado.


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