Puntos Corazón Argentina
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Compasión y Familia

Las siguien­tes notas fueron toma­das de las inter­ven­cio­nes de una mesa redonda desa­rro­llada como cierre del año de con­fe­ren­cias de Puntos Cora­zón en Paraná - Entre Ríos, con el tema de la COM­PA­SIÓN en los dife­ren­tes ámbi­tos de la vida. Los expo­si­to­res fueron el matri­mo­nio Berns (Movi­miento Puntos Cora­zón) y el matri­mo­nio Passi (Movi­miento de Schöens­tatt).

Judith Trembecki y Roberto Berns

1- A DIOS LE GUSTAN LOS MATRI­MO­NIOS, LE GUSTA LA FAMI­LIA Extracto de “Mis­te­rios lumi­no­sos, Bodas de Caná” P. Thie­rry de Roucy

“No hay duda, a Jesús le gustan los matri­mo­nios. Incluso nos pre­gun­ta­mos si sólo los matri­mo­nios le inte­re­san, como si for­ma­ran parte por entero de su misión. En su ser, la natu­ra­leza divina se une a la natu­ra­leza humana… Al hombre, le pro­pone unirse a la mujer, para que ellos sean un solo cora­zón, una sola alma, un solo cuerpo. Y sobre todo Él obra ardua­mente para las bodas de la huma­ni­dad con Dios, bodas que no se rompen jamás, bodas eter­nas. “

La encar­na­ción es la expre­sión de la com­pa­sión de Dios por cada uno de los hom­bres, y puede ser expre­sada como rea­li­dad matri­mo­nial: Dios que se “casa” con la natu­ra­leza humana, Dios que quiere hacerse tan íntimo a noso­tros que se une a cada hombre en una rea­li­dad espon­sal. Por eso la Igle­sia nos enseña que el matri­mo­nio expresa el amor de Cristo por su Igle­sia.

2- FAMI­LIA, SACRA­MENTO DE COM­PA­SIÓN

La rea­li­dad del matri­mo­nio es una rea­li­dad que expresa, mues­tra, sacra­men­ta­liza, hace visi­ble la com­pa­sión, porque los espo­sos nos unimos para vivir jus­ta­mente de la com­pa­sión. La com­pa­sión de Dios hacia noso­tros que nece­si­ta­mos de Él, la com­pa­sión entre noso­tros espo­sos, la com­pa­sión hacia nues­tros hijos, la de ellos hacia noso­tros y la com­pa­sión hacia los demás.

Haydée Copati nos decía en otra mesa redonda (edu­ca­ción) que “Pun­tos Cora­zón nos llama a vivir esa cate­go­ría radi­ca­lí­sima que es la com­pa­sión, una cate­go­ría de las más pro­fun­das ya que la vida es pasión (porque hemos sido con­vo­ca­dos a la vida) y por lo tanto la com­pa­sión toma un sen­tido meta­fí­sico.” Nos expli­caba “Com­pa­sión es vivir todos juntos (con­vi­vir) la misma pasión”. Noso­tros podría­mos añadir que el matri­mo­nio nos recuerda per­ma­nen­te­mente esta rea­li­dad de “vivir juntos” (pode­mos decir lo mismo de toda forma de vida comu­ni­ta­ria), y es com­pa­sión porque al mismo tiempo nos revela –a través del amor del esposo y la esposa, y luego de los hijos- que no esta­mos solos sino que con­ta­mos con el otro para avan­zar con Dios y hacia Dios. La fami­lia se vuelve para noso­tros com­pa­ñía ade­cuada, como dijo Dios a Adán en el paraíso.

Cón­yuge = llevar juntos el yugo : eso es ni más ni menos la com­pa­sión. Padre Thie­rry dice que uno de los sufri­mien­tos más gran­des del hombre es la sole­dad. La rea­li­dad fami­liar –como res­puesta- tes­ti­fica que “no es bueno que el hombre esté solo”. Esto no con­tra­dice la vir­gi­ni­dad, sino que al con­tra­rio la realza pues si el matri­mo­nio no es un valor pierde sen­tido la renun­cia a él por el reino de Dios. Sol­te­ros, muchas veces llevan un gran sufri­miento espe­rando con­cre­tar su voca­ción a la vida matri­mo­nial y fami­liar (tienen su fami­lia de origen pero anh­e­lan formar una nueva). Como Igle­sia debe­mos pro­cu­rar acom­pa­ñar­los y ayu­dar­los a inte­grarse en la vida fami­liar de la Igle­sia, para no sumer­girse en una cul­tura que ha dejado la vida fami­liar y sus valo­res atrás. Al res­pecto tene­mos una her­mosa expe­rien­cia en la Fra­ter­ni­dad S. M. Kolbe y el Centro Edu­carte de com­par­tir niños, ado­les­cen­tes, jóve­nes, adul­tos sol­te­ros y casa­dos, con­sa­gra­dos. Los “tíos” de nues­tros niños ejer­cen una pater­ni­dad y mater­ni­dad de la que ambos (niños y tíos) dis­fru­tan y de la que se enri­que­cen y crecen mutua­mente. Son lazos espi­ri­tua­les, no san­guí­neos.

Una fami­lia que vive del amor habla del amor de Dios.

3 - COM­PA­SIÓN DE DIOS

La fami­lia es un don, un regalo, un gesto de la ter­nura de Dios por cada uno. Sin embargo no es un fin en sí misma sino un signo que me remite a Dios. Mi esposo, mis hijos, son una pro­mesa de una feli­ci­dad infi­nita que me espera junto a Dios. Pensar lo con­tra­rio (que es mi esposo o mi esposa que me van a hacer feliz) lleva en muchas oca­sio­nes al fra­caso de muchos matri­mo­nios y fami­lias.

Y si a veces mi fami­lia es una “prueba” (como dice de la vida comu­ni­ta­ria la litur­gia de envío de los Amigos de los niños), es un camino, un método, una opor­tu­ni­dad de cre­ci­miento. El cora­zón se ensan­cha, la volun­tad se forja, la liber­tad se ordena, el amor se dilata…

4 - COM­PA­SIÓN A DIOS

Filó­so­fos y teó­lo­gos buscan el modo de expre­sar un cierto “su­fri­miento” en Dios. Yo creo que Dios sufre, aunque filo­só­fi­ca­mente sepa­mos que este sufri­miento en nada modi­fica su ser, al modo de una imper­fec­ción. Dios sufre al ver muchas fami­lias hoy. Sufre al ver mamás que no desean a sus hijos, sufre al ver fami­lias rotas, sufre al ver niños solos… Pienso enton­ces, que la fami­lia que vive de su amor, la fami­lia que se abre a la vida y la acoge –no sin miedos, no sin difi­cul­ta­des, no sin sacri­fi­cios- de algún modo se com­pa­dece y con­suela a Dios que ha soñado con la fami­lia como camino para con­ti­nuar su obra crea­dora.

5 - COM­PA­SIÓN AL INTE­RIOR DE LA FAMI­LIA

La com­pa­sión es la acti­tud del otro hacia mí que me hace saber que no estoy solo, que tengo con quien avan­zar en mi vida, que tengo alguien que me ayuda a buscar mi des­tino, mi bien, mi feli­ci­dad y secun­darla. Com­pa­sión es estar ahí, de pie, estar con. Esto en todos los sen­ti­dos, espi­ri­tual­mente, moral­mente, físi­ca­mente ¡Cuánto dice el len­guaje del cuerpo y el acto uni­tivo del amor de la com­pa­sión!

Com­pa­sión es estar ahí no sólo cuando el otro me nece­sita (en la salud y en la enfer­me­dad) sino al modo en el cual el otro me nece­sita. Esto no es fácil. La peda­go­gía de la com­pa­sión es al decir de uno de los con­sa­gra­dos del movi­miento (Paul Anel) ”esta espe­cie de deli­ca­deza hacia el otro que me hace estar atento a la manera con la que doy”. Implica escu­char, ver, estar atento al otro.

Com­pa­sión a veces es hacer algo por el otro (el desa­yuno, un man­dado, una comida), a veces es estar con el otro (tomar mate, escu­char, callarse), a veces es rezar con el otro y/o por el otro, o tener una acti­tud más bien con­tem­pla­tiva.

Com­pa­sión es vivir juntos de la mise­ri­cor­dia, de Dios claro está, pero tam­bién entre noso­tros. Es que­rer­nos como somos, con lo que somos (y lo que no somos), es saber per­do­nar y reci­bir el perdón. Éste es el “se­creto” de la vida fami­liar, porque nos per­mite vivir tal cual somos, sin más­ca­ras y eso nos da ale­gría, liber­tad, verdad y amor. Ben­de­cir: decir bien. Ben­di­ción cada noche para decir al otro -sos bueno, te quiero, Dios te quiere, Dios dice que sos bueno, bello, impor­tante.

Com­pa­sión es vivir de la gra­tui­dad en la fami­lia. Me acuerdo de una alumna que me decía, yo no cambio por nada en el mundo el levan­tarme cada día a las 6:00 (en invierno) a pre­pa­rar la leche a mis chicos, y sen­tarme con ellos y ver cómo la toman, pre­pa­rarle las cosi­tas para ir a la escuela ¿qué ganaba esta mamá con eso? ¡Nada! la riqueza y la belleza de la vida fami­liar está jus­ta­mente en la gra­tui­dad de todo lo que se vive al inte­rior.

EDU­CA­CIÓN DE LOS HIJOS, ACTO DE COM­PA­SIÓN: Educar a nues­tros hijos, es par­ti­ci­par del amor de Dios Padre y del amor materno de la Igle­sia. En Puntos Cora­zón y par­ti­cu­lar­mente desde el Centro Edu­carte, nos gusta ver y ahon­dar en el acto edu­ca­tivo como el “dar el sig­ni­fi­cado de la rea­li­dad “

6- COM­PA­SIÓN AL EXTE­RIOR DE LA FAMI­LIA La fami­lia es madura cuando puede abrirse a reci­bir a otros (reci­bir a la abuela los domin­gos por ej.), cuando puede com­par­tir su vida y sus bienes con otros, cuando puede reci­bir a los pobres y acer­carse a ellos, cuando tiene muchos amigos. Eso es signo de salud fami­liar. Una fami­lia rica en amor, lleva amor y se preo­cupa por los demás y no sólo por sí misma.

Llama la aten­ción que la litur­gia del matri­mo­nio incluya este aspecto, por lo que pienso que no es “op­ta­tivo”.

CON­CLU­SIÓN:

Impor­tan­cia de que no este­mos solos. La com­pa­sión dice com­pa­ñía, amis­tad, ayuda adap­tada y crea­tiva, ser, estar ahí. Nece­si­ta­mos que las fami­lias no estén solas en su misión, por eso es muy válida esta ini­cia­tiva de Puntos Cora­zón y el com­par­tir con otro Movi­miento su expe­rien­cia, por eso es muy impor­tante la pas­to­ral de la fami­lia, por eso hay que des­ta­car el lugar de los movi­mien­tos ecle­sia­les como lugar para la fami­lia cris­tiana, por eso es bello que este­mos cerrando y cele­brando este año arqui­dio­ce­sano de la fami­lia. Que esta noche no sea un cierre, sino un tram­po­lín que nos lleve más lejos, más pro­fundo, más cerca y aten­tos unos de otros.

Héctor y Mariela Passi (Movimiento de Schöenstatt)

Que éste sea cada vez más un mundo fami­lia. Ser fami­lia es un anhelo desde que nace­mos. Dios es fami­lia: San­tí­sima Tri­ni­dad. Dios quiere para noso­tros una fami­lia, para vivir en este mundo y formar comu­ni­dad, hasta que vol­va­mos a la casa del Padre. La socie­dad, los medios de comu­ni­ca­ción, nos mues­tran otra cosa “Hace la tuya” “Mejor solo”. En la fami­lia se aprende el ver­da­dero amor, “me aman por lo que soy”. La fami­lia como escuela de com­pa­sión: Expe­ri­men­tando este amor, me animo a dar el primer paso. Ser ejem­plo para los más chicos, para edu­car­los. Educar es sem­brar valo­res. El amor de com­pa­sión es un valor pero hay que que­rerlo y debo vivirlo. Se tras­mite con la vida, “a amar, se aprende amando”. El desa­fío es ser amor com­pa­sivo para la socie­dad. “No te preo­cu­pes en educar a tus hijos, ellos te imitan”. Un gesto de com­pa­sión hoy en día es escu­char, esta­mos conec­ta­dos pero no comu­ni­ca­dos. Escu­char, es decirle al otro, que lo amo, es decirle que me inte­resa, es la mejor manera de vivir la com­pa­sión.

Para noso­tros (Movi­miento Schöens­tatt) es fun­da­men­tal, es una gracia y una misión rega­lada por la Virgen, ser para nues­tra fami­lia y los demás, Após­to­les de la fami­lia.

Juan Pablo II - 2005: en una audien­cia que les con­ce­dió a algu­nos miem­bros del Movi­miento les dijo: -“Tras­mi­tan con su vida, con ale­gría y entu­siasmo la vida de fami­lia” En Schöens­tatt tene­mos un grupo de matri­mo­nios desde hace 10 años; ellos son nues­tros her­ma­nos, no son fami­lia, no son her­ma­nos de sangre, no son amigos ele­gi­dos sino que la Pro­vi­den­cia nos unió, cada uno de ellos fue ele­gido por Dios, para juntos formar esta fami­lia.

Padre Ken­te­nich nos dice: querer ser fami­lia con anhelo de Dios pre­sente.


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