Las siguientes notas fueron tomadas de las intervenciones de una mesa redonda desarrollada como cierre del año de conferencias de Puntos Corazón en Paraná - Entre Ríos, con el tema de la COMPASIÓN en los diferentes ámbitos de la vida.
Los expositores fueron el matrimonio Berns (Movimiento Puntos Corazón) y el matrimonio Passi (Movimiento de Schöenstatt).
Judith Trembecki y Roberto Berns
1- A DIOS LE GUSTAN LOS MATRIMONIOS, LE GUSTA LA FAMILIA Extracto de “Misterios luminosos, Bodas de Caná” P. Thierry de Roucy
“No hay duda, a Jesús le gustan los matrimonios. Incluso nos preguntamos si sólo los matrimonios le interesan, como si formaran parte por entero de su misión. En su ser, la naturaleza divina se une a la naturaleza humana… Al hombre, le propone unirse a la mujer, para que ellos sean un solo corazón, una sola alma, un solo cuerpo. Y sobre todo Él obra arduamente para las bodas de la humanidad con Dios, bodas que no se rompen jamás, bodas eternas. “
La encarnación es la expresión de la compasión de Dios por cada uno de los hombres, y puede ser expresada como realidad matrimonial: Dios que se “casa” con la naturaleza humana, Dios que quiere hacerse tan íntimo a nosotros que se une a cada hombre en una realidad esponsal. Por eso la Iglesia nos enseña que el matrimonio expresa el amor de Cristo por su Iglesia.
2- FAMILIA, SACRAMENTO DE COMPASIÓN
La realidad del matrimonio es una realidad que expresa, muestra, sacramentaliza, hace visible la compasión, porque los esposos nos unimos para vivir justamente de la compasión. La compasión de Dios hacia nosotros que necesitamos de Él, la compasión entre nosotros esposos, la compasión hacia nuestros hijos, la de ellos hacia nosotros y la compasión hacia los demás.
Haydée Copati nos decía en otra mesa redonda (educación) que “Puntos Corazón nos llama a vivir esa categoría radicalísima que es la compasión, una categoría de las más profundas ya que la vida es pasión (porque hemos sido convocados a la vida) y por lo tanto la compasión toma un sentido metafísico.” Nos explicaba “Compasión es vivir todos juntos (convivir) la misma pasión”. Nosotros podríamos añadir que el matrimonio nos recuerda permanentemente esta realidad de “vivir juntos” (podemos decir lo mismo de toda forma de vida comunitaria), y es compasión porque al mismo tiempo nos revela –a través del amor del esposo y la esposa, y luego de los hijos- que no estamos solos sino que contamos con el otro para avanzar con Dios y hacia Dios. La familia se vuelve para nosotros compañía adecuada, como dijo Dios a Adán en el paraíso.
Cónyuge = llevar juntos el yugo : eso es ni más ni menos la compasión. Padre Thierry dice que uno de los sufrimientos más grandes del hombre es la soledad. La realidad familiar –como respuesta- testifica que “no es bueno que el hombre esté solo”. Esto no contradice la virginidad, sino que al contrario la realza pues si el matrimonio no es un valor pierde sentido la renuncia a él por el reino de Dios. Solteros, muchas veces llevan un gran sufrimiento esperando concretar su vocación a la vida matrimonial y familiar (tienen su familia de origen pero anhelan formar una nueva). Como Iglesia debemos procurar acompañarlos y ayudarlos a integrarse en la vida familiar de la Iglesia, para no sumergirse en una cultura que ha dejado la vida familiar y sus valores atrás. Al respecto tenemos una hermosa experiencia en la Fraternidad S. M. Kolbe y el Centro Educarte de compartir niños, adolescentes, jóvenes, adultos solteros y casados, consagrados. Los “tíos” de nuestros niños ejercen una paternidad y maternidad de la que ambos (niños y tíos) disfrutan y de la que se enriquecen y crecen mutuamente. Son lazos espirituales, no sanguíneos.
Una familia que vive del amor habla del amor de Dios.

3 - COMPASIÓN DE DIOS
La familia es un don, un regalo, un gesto de la ternura de Dios por cada uno. Sin embargo no es un fin en sí misma sino un signo que me remite a Dios. Mi esposo, mis hijos, son una promesa de una felicidad infinita que me espera junto a Dios. Pensar lo contrario (que es mi esposo o mi esposa que me van a hacer feliz) lleva en muchas ocasiones al fracaso de muchos matrimonios y familias.
Y si a veces mi familia es una “prueba” (como dice de la vida comunitaria la liturgia de envío de los Amigos de los niños), es un camino, un método, una oportunidad de crecimiento. El corazón se ensancha, la voluntad se forja, la libertad se ordena, el amor se dilata…
4 - COMPASIÓN A DIOS
Filósofos y teólogos buscan el modo de expresar un cierto “sufrimiento” en Dios. Yo creo que Dios sufre, aunque filosóficamente sepamos que este sufrimiento en nada modifica su ser, al modo de una imperfección. Dios sufre al ver muchas familias hoy. Sufre al ver mamás que no desean a sus hijos, sufre al ver familias rotas, sufre al ver niños solos… Pienso entonces, que la familia que vive de su amor, la familia que se abre a la vida y la acoge –no sin miedos, no sin dificultades, no sin sacrificios- de algún modo se compadece y consuela a Dios que ha soñado con la familia como camino para continuar su obra creadora.
5 - COMPASIÓN AL INTERIOR DE LA FAMILIA
La compasión es la actitud del otro hacia mí que me hace saber que no estoy solo, que tengo con quien avanzar en mi vida, que tengo alguien que me ayuda a buscar mi destino, mi bien, mi felicidad y secundarla. Compasión es estar ahí, de pie, estar con. Esto en todos los sentidos, espiritualmente, moralmente, físicamente ¡Cuánto dice el lenguaje del cuerpo y el acto unitivo del amor de la compasión!
Compasión es estar ahí no sólo cuando el otro me necesita (en la salud y en la enfermedad) sino al modo en el cual el otro me necesita. Esto no es fácil. La pedagogía de la compasión es al decir de uno de los consagrados del movimiento (Paul Anel) ”esta especie de delicadeza hacia el otro que me hace estar atento a la manera con la que doy”. Implica escuchar, ver, estar atento al otro.
Compasión a veces es hacer algo por el otro (el desayuno, un mandado, una comida), a veces es estar con el otro (tomar mate, escuchar, callarse), a veces es rezar con el otro y/o por el otro, o tener una actitud más bien contemplativa.
Compasión es vivir juntos de la misericordia, de Dios claro está, pero también entre nosotros. Es querernos como somos, con lo que somos (y lo que no somos), es saber perdonar y recibir el perdón. Éste es el “secreto” de la vida familiar, porque nos permite vivir tal cual somos, sin máscaras y eso nos da alegría, libertad, verdad y amor. Bendecir: decir bien. Bendición cada noche para decir al otro -sos bueno, te quiero, Dios te quiere, Dios dice que sos bueno, bello, importante.
Compasión es vivir de la gratuidad en la familia. Me acuerdo de una alumna que me decía, yo no cambio por nada en el mundo el levantarme cada día a las 6:00 (en invierno) a preparar la leche a mis chicos, y sentarme con ellos y ver cómo la toman, prepararle las cositas para ir a la escuela ¿qué ganaba esta mamá con eso? ¡Nada! la riqueza y la belleza de la vida familiar está justamente en la gratuidad de todo lo que se vive al interior.
EDUCACIÓN DE LOS HIJOS, ACTO DE COMPASIÓN: Educar a nuestros hijos, es participar del amor de Dios Padre y del amor materno de la Iglesia. En Puntos Corazón y particularmente desde el Centro Educarte, nos gusta ver y ahondar en el acto educativo como el “dar el significado de la realidad “
6- COMPASIÓN AL EXTERIOR DE LA FAMILIA La familia es madura cuando puede abrirse a recibir a otros (recibir a la abuela los domingos por ej.), cuando puede compartir su vida y sus bienes con otros, cuando puede recibir a los pobres y acercarse a ellos, cuando tiene muchos amigos. Eso es signo de salud familiar. Una familia rica en amor, lleva amor y se preocupa por los demás y no sólo por sí misma.
Llama la atención que la liturgia del matrimonio incluya este aspecto, por lo que pienso que no es “optativo”.
CONCLUSIÓN:
Importancia de que no estemos solos. La compasión dice compañía, amistad, ayuda adaptada y creativa, ser, estar ahí. Necesitamos que las familias no estén solas en su misión, por eso es muy válida esta iniciativa de Puntos Corazón y el compartir con otro Movimiento su experiencia, por eso es muy importante la pastoral de la familia, por eso hay que destacar el lugar de los movimientos eclesiales como lugar para la familia cristiana, por eso es bello que estemos cerrando y celebrando este año arquidiocesano de la familia. Que esta noche no sea un cierre, sino un trampolín que nos lleve más lejos, más profundo, más cerca y atentos unos de otros.

Héctor y Mariela Passi (Movimiento de Schöenstatt)
Que éste sea cada vez más un mundo familia. Ser familia es un anhelo desde que nacemos. Dios es familia: Santísima Trinidad. Dios quiere para nosotros una familia, para vivir en este mundo y formar comunidad, hasta que volvamos a la casa del Padre. La sociedad, los medios de comunicación, nos muestran otra cosa “Hace la tuya” “Mejor solo”. En la familia se aprende el verdadero amor, “me aman por lo que soy”. La familia como escuela de compasión: Experimentando este amor, me animo a dar el primer paso. Ser ejemplo para los más chicos, para educarlos. Educar es sembrar valores. El amor de compasión es un valor pero hay que quererlo y debo vivirlo. Se trasmite con la vida, “a amar, se aprende amando”. El desafío es ser amor compasivo para la sociedad. “No te preocupes en educar a tus hijos, ellos te imitan”. Un gesto de compasión hoy en día es escuchar, estamos conectados pero no comunicados. Escuchar, es decirle al otro, que lo amo, es decirle que me interesa, es la mejor manera de vivir la compasión.
Para nosotros (Movimiento Schöenstatt) es fundamental, es una gracia y una misión regalada por la Virgen, ser para nuestra familia y los demás, Apóstoles de la familia.
Juan Pablo II - 2005: en una audiencia que les concedió a algunos miembros del Movimiento les dijo: -“Trasmitan con su vida, con alegría y entusiasmo la vida de familia” En Schöenstatt tenemos un grupo de matrimonios desde hace 10 años; ellos son nuestros hermanos, no son familia, no son hermanos de sangre, no son amigos elegidos sino que la Providencia nos unió, cada uno de ellos fue elegido por Dios, para juntos formar esta familia.
Padre Kentenich nos dice: querer ser familia con anhelo de Dios presente.
