• 22 de julio de 2010
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Compasión y Educación

Algunas notas tomadas en la mesa redonda “Compasión y Educación” desarrollada en junio 2010 en nuestra Sede de Paraná, en el marco de las reflexiones impulsadas sobre la expansión de una “cultura de la compasión”.

Dr. Carlos Cantero:

quien se desempeña en nivel secundario y superior –entre tareas de formación de docentes y otros ámbitos-, y es miembro del Movimiento Comunión y Liberación, nos compartió su preocupación por la crisis de autoridad reinante hoy entre padres y educadores en general, explicando que muchas veces el origen de la misma está en “no creer que se tiene algo bueno, bello y verdadero que proponer” y nos dio algunos puntos para “construir autoridad educativa”:

1- Presencia significativa para el niño y el adolescente . Presencia de alguien que le revele la positividad frente a la realidad.

2- Ser portadores de la herencia cultural. Las nuevas generaciones deben recibir la tradición correctamente para construir su identidad, su libertad. Ser discípulos es el primer paso en la educación, pues no hay “creatividad” sin antes aprender a “admirar”, es decir a tener una intensa y gozosa relación con la realidad.

3- Suscitar la implicación de los niños y adolescentes en el proceso educativo. Ellos serán así críticos de la propuesta, verificando si corresponde a sus exigencias de verdad, de justicia, de belleza.

4- Construir estructuras de acogida , es decir lugares donde vivir nuestra propias exigencias, lugares donde encontrar personas a quienes seguir.

Resaltó la importancia de no esperar a que cambie la “situación”, cambie el ambiente, las circunstancias para emprender un verdadero proceso educativo, porque -“lo más valioso ya está presente: la persona”.

Prof. Gisela Angelini:

Profesora de enseñanza especial, miembro del Centro Educarte (Puntos Corazón), intentó responder con su exposición a una pregunta ¿Por qué educar es un acto de compasión? Puntualizó:

1- “El amor es el punto de partida de un movimiento de nuestra libertad” no las normas ni una imposición.

2- El maestro reconoce la semilla, el tesoro escondido de su discípulo y se lo revela poco a poco ... El discípulo por otra parte, tiene conciencia que necesita esta mirada para poder avanzar y crecer, sabe que sólo se quedará con su subjetividad, con su medida, con sus desalientos, sabe que solo todo será limitado y que no logrará ser el hombre que está llamado a ser.

3- Educar es proponer un sentido, un significado de la vida. Transmitir una hipótesis de significado de la realidad y acompañar en su verificación: es decir proponer a Cristo, porque si no, no damos libertad al niño, sino que lo abandonamos a un montón de posibilidades de las cuales no ha hecho la experiencia como para reconocer si es o no verdadera. Así dejo que caiga en la angustia del vacío, del sinsentido.

4- Educar es poner en contacto con lo real y abrir a la bondad y a la belleza de la vida. Es lo contrario a la flor del Principito en su caja de cristal. Hay que ofrecer experiencias bellas a nuestros niños, educarlos a mirar con los ojos del corazón, a contemplar… Y al mismo tiempo, aunque parezca contradictorio, ser capaces de presentar la vida como misterio, es decir, tener conciencia de que no podemos evitar todos los sufrimientos ni para nosotros, ni para nuestros hijos o nuestros alumnos, hay algo que siempre nos sobrepasa y frente a lo cual hago la experiencia de María al pie de la cruz.

5- Mirada compasiva y de misericordia del educador sobre su hijo, su alumno... Frente a los errores, frente a mis pobrezas alguien miró lo que yo era capaz de dar, alguien afirmó mi yo para que pudiera crecer y desarrollarme más plenamente.

Lic. Haydée Copati:

Docente del nivel secundario y superior nos llevó a reflexionar desde la metafísica de la compasión explicando cómo Puntos Corazón invita a vivir “esa categoría radicalísima que es la compasión”. Categoría profunda porque la vida es pasión, porque hemos sido convocados para la vida, porque nos fue dada con un valor y dignidad idénticos por el cual todos valen por sí mismos.
“Compadecer [nos decía], es vivir todos juntos –convivir- la misma pasión”. El Hijo así se compadeció hasta querer ingresar ‘siendo la Vida’ con nosotros a la misma categoría humana.

El misterio de la vida es una realidad, pues lo más real es aquello que hace posible que estemos gozando las cosas (Dios y nosotros viviendo en Él). Entonces, sólo el que encontró el fondo, el sentido de la realidad que comunica una generación con la siguiente, puede educar. La hondura y riqueza de la vida que uno vive es lo que gana al otro -¡Y cómo no voy a darle lo que yo recibo, en definitiva a Dios mismo, sentido de nuestra existencia!

Concluyó expresando: “Una educación que entregue algo menos que a Dios, no acaba de ser educación.”


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