• 9 de agosto de 2017
es

Fin de misión a Valparaíso

Trecho de la última carta de Andrés:

Solo puedo entender todo lo que he vivido comprendiendo de quien lo he recibido… ¡y amo tanto al que me trajo hasta acá! ¡Amo tanto al que me dio todo esto! Al que me confió la vida de tantos amigos en el barrio, que me dio la oportunidad de ver a tantos niños crecer, hasta me regaló poder acompañar a Carito para que empezara la catequesis de comunión. Al que me enseñó como amar a través de la vida de Don Sergio y de Cecilia, o de Rosita y tantas otras abuelas que deciden hacerse cargo de sus nietos. Amo tanto al que me recordó que el auténtico gozo está en la simplicidad: que me permite detenerme a valorar lo pequeño, a agradecer las posibilidades que la vida me da sin apegarme a lo que tengo ni entristecerme cuando no tengo algo, esto que cada día me lo demuestra a través de Don Luis, Don Jamén, Don Tito, Mimí y tantos niños del barrio.
También algo que siempre recordaré es cuando a través de tantos jóvenes me hizo descubrir que aún tenía una Fe aún muy pequeña, con la que con mucha dificultad podía intentar explicar lo que Dios esperaba de ellos, esa Fe que solo la fui madurando en contacto con los que menos esperaba: con los adictos al alcohol y a las drogas que con muchísimo entusiasmo me explicaban como tenían presente a Dios en su vida, que con gran devoción interrumpían sus actividades para contemplar las procesiones y pedían la bendición de los sacerdotes sobre ellos, en la esquina donde se juntan a tomar.
Hoy no puedo hacer otra cosa más que agradecer, agradecer tanto a ÉL que me hizo venir hasta Chile, al que me hizo entrar en la cárcel, y entender la grandeza de la amistad, del encontrarme con alguien, del sentirse amado como Damián y tantos presos más que me lo recuerdan cuando voy.

Hoy haciendo memoria veo que ha sido tan hermoso
el camino recorrido,
veo que me quedó tanta gente por presentarles,
tantas cosas que contarles.
Como a los discípulos de Emaús me toca terminar mi camino,
detenerme a compartir el Pan,
este único Pan que puede salvarnos.
Mirar hacia atrás, y descubrir esta revelación de lo oculto,
de la belleza de todo el camino recorrido,
el camino que al fin se torna consciente.
El camino que me hace preguntarme
¿acaso no Ardía mi Corazón en Porvenir Bajo?


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