• 3 de julio de 2015
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Carta de Paula: Roseane

Paula y Roseane, Fazenda do Natal, junio 2015

De Paula, misio­nera argen­tina en la Fazenda do Natal, en Brasil:

Les quiero pre­sen­tar a la per­so­nita con la que vivo ahora, ella es Roseane, una joven­cita de 18 años, que tiene un pequeño retraso mental. Lo que la hace tan simple, sen­ci­lla y con un cora­zón puro, como el de una niña.

Llegó a la Fazenda porque nece­si­taba un tiempo y un poco de dis­tan­cia. Con su madre pelea­ban mucho, decía pala­bras que de cierta manera humi­lla­ban a Roseane y llego al punto de echarla de la casa para dormir en la calle. Su madre tam­bién es una mujer que sufrió mucho; durante el emba­razo fue gol­peada por el padre de Roseane. Hoy está con tra­ta­miento psi­quiá­trico.

Al prin­ci­pio fue un poco difí­cil, estaba todo el día a los gritos can­tando y bai­lando de manera exa­ge­rada, pero poco a poco fue cam­biando. Cada cosa que le deci­mos para que aprenda, lo acepta y lo asi­mila como con una cierta sor­presa, ahí me doy cuenta que pocas veces le habla­ron con cla­ri­dad, cariño y res­peto.

Los días de semana está en la Fazenda y los fines de semana regresa para que­darse con su mamá en el barrio. Un día me encon­tré con su madre y me dijo que notó que desde que está en la Fazenda, está más tran­quila y hasta le dio un beso cuando la vio, cosa que nunca hacía. En ese momento me di cuenta que esta mamá quiere mucho a Roseane, quiere lo mejor para ella, y por eso es que le exige, a veces olvi­dando los lími­tes que ella tiene.

Roseane es increí­ble, cada día se levanta con una son­risa reparte abra­zos y besos para todos, la ale­gría que irra­dia es mara­vi­llosa, inca­paz de hacerle daño a nadie. Con ella aprendo a des­cu­brir con asom­bro a cada per­sona como un ver­da­dero tesoro, porque así es ella.


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