• 6 de junio de 2016
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Rumania: ¿crees que Dios sufre cuando nos peleamos?

Mario, Rumania, mayo 2016

Extracto de la carta de Martha en el Punto Cora­zón de Ruma­nia:

Mario tiene nueve años, vive en una Colo­nia de gita­nos en la loca­li­dad de Mintia, a 20 minu­tos en auto­bús de nues­tra casa. En este lugar se encon­tra­ban las piezas de los tra­ba­ja­do­res de la Termo cen­tral, que con el pasar del tiempo pasa­ron a ser de sus fami­lias, actual­mente ellos ya no tra­ba­jan para Termo cen­tral y muchos no tienen un tra­bajo fijo. Mario nació en este lugar e intenta ir a la escuela a pesar de todas las difi­cul­ta­des que tiene por las bajas tem­pe­ra­tu­ras del invierno y por el hecho de vivir de una forma pre­ca­ria.

En esta colo­nia hay mucha vio­len­cia entre los adul­tos y eso se trans­mite a los niños que muchas veces no saben com­por­tarse. Una tarde lle­ga­mos como de cos­tum­bre a la colo­nia y vimos a Mario en una casa que está en cons­truc­ción, cubrién­dose de la lluvia y nos invitó a su lado para no mojar­nos.

Mario comienza dicién­do­nos lo feliz que se siente al vernos, sabe que va a jugar con noso­tros y para él es muy impor­tante poder jugar bonito con los otros niños, porque cuando noso­tros veni­mos, él puede jugar sin pelearse con nadie y eso lo hace feliz. Luego él dice que siente en su cora­zón que Jesús nos envía a jugar con ellos para que apren­dan a jugar bien, sin pelearse. Que Jesús nos dice: ¡Se­pá­ren­los! cuando ellos se pelean. Mario piensa un poco y luego dice: ¿crees que a Dios sufre cuando nos pelea­mos? Luego me mira y sonríe. La pureza de su cora­zón puri­fica mi mirada y llena mi cora­zón de acción de gra­cias por la Pre­sen­cia que él reco­noce a través del hecho de jugar con él.
Todo en esta vida está lleno de su Pre­sen­cia solo que nece­si­ta­mos tener la mirada de Mario.


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