• 24 de agosto de 2015
es

Carta de Fabiana: “Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados.”

Primera comunión de Valentina

Tes­ti­mo­nio de Fabiana, misio­nera argen­tina en Chile:

Valen­tina era una niña con un sín­drome dege­ne­ra­tivo desde su naci­miento. La vida de ella se apagó hace unas sema­nas atrás. Sra Marlen y su marido son amigos de Punto Cora­zón desde hace mucho tiempo, como abue­los de Vale se encar­ga­ban de cui­darla varios días a la semana y por eso en nues­tras visi­tas podía­mos tam­bién com­par­tir con ella. La niña estaba en una silla de ruedas, comía a través de una sonda y no hablaba. Pero son­reía y miraba. Y su mirada era activa y pene­trante. Era mucha la paz que irra­diaba y el amor con el que toda su fami­lia la cui­daba. Con ellos com­par­ti­mos hace unos meses su pri­mera comu­nión, un momento lleno de gracia. Es verdad que su velo­rio fue muy triste, hubo muchas lágri­mas. Pero tam­bién, fue un momento pla­gado de espe­ranza, esa espe­ranza que nos habla de eter­ni­dad. En el sermón de la misa el sacer­dote men­cionó que hay momen­tos en esta vida que son un anti­cipo de la vida eterna. Me recordé las mira­das cóm­pli­ces entre Valen­tina y sus abue­los, el amor que se mani­fes­taba entre ellos, y pensé que estos momen­tos de gracia com­par­ti­dos con ella habían sido, de alguna manera, sólo un pequeño des­te­llo de la eter­ni­dad y el amor de Dios. Dice el P. Hur­tado: “Más allá del placer gas­tado, de la verdad per­ci­bida, com­pren­de­mos que hay más que podría­mos gozar, sabo­rear, con­tem­plar y que lo gozado apenas si es en con­si­de­ra­ción de lo que falta… menos de una gota de agua ante lo infi­nito.” Enton­ces, hasta la tris­teza y el dolor tienen un nuevo sen­tido si los mira­mos desde la eter­ni­dad.


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