• 7 de agosto de 2015
es

Mis primeros amigos polacos

Pani Jedwiga, Pani Krystina y Angie

Extracto de la pri­mera carta de Caro­lina en misión en el Punto Cora­zón de Polo­nia:

«He cono­cido a una fami­lia her­mo­sí­sima, que qui­siera pre­sen­tar­les. De un lado Pani (señora) Kris­tina, Adam y Beata. Ellos viven una rea­li­dad fami­liar muy dolo­rosa, pero Pani Kris­tina tiene una capa­ci­dad de mara­vi­llarse increí­ble. En oca­sio­nes ella nos está con­tando lo que le sucede y nos dice:»¿has visto las flores que tengo en la ven­tana?” o trae un jabón que ha com­prado: «huelan como es rico». Esto puede pare­cer algo muy simple, pero ¡cuán­tas veces nos ence­rra­mos en nues­tros pro­ble­mas sin querer ver más allá, sin querer con­tem­plar la belleza que encie­rran las peque­ñas cosas, sin acep­tar la pre­sen­cia de este otro que me es dado como amigo y cuya pre­sen­cia me cambia la vida!

Su her­mana Pani Jed­wiga es lin­dí­sima. Ella ha sufrido pará­li­sis en la mitad del cuerpo, tiene mucha difi­cul­tad para cami­nar y hablar, pero se desen­vuelve sola. Muchas veces Pani Kris­tina, con esa gracia que tiene de salir de ella misma dán­dose a los demás, viene a ayu­darla.

Nunca olvi­daré el primer día en que fui con Ira (que era mi her­mana de comu­ni­dad) a visi­tarla. Ella con toda su difi­cul­tad nos había hecho una sopa, pero el con­texto en el que está­ba­mos era tan deso­la­dor que ni la sopa me la podía tomar. Su esposo dormía pues había tomado todo el día. En medio de un largo momento de silen­cio Pani Jed­wiga dijo: «el 26 de febrero es mi cum­plea­ños». Ira le dijo: “¡pero el 26 de febrero es hoy!”. Ella no se acor­daba y nadie la había feli­ci­tado. En ese momento un mila­gro acon­te­ció, hubo como una aper­tura de la mirada en las tres. ¡Su son­risa fue tan linda! Nos encon­trá­ba­mos fes­te­jando el gran mila­gro de la vida, dando gra­cias por ella. Karol (su esposo) se levantó y junto con Pani Kris­tina fueron a com­prar una torta. Can­ta­mos y gra­cias a Dios tenía­mos algo que le dimos como regalo. A partir de ese día, en esta amis­tad hay algo muy lindo que no deja de flo­re­cer. "


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