• 6 de junio de 2016
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Honduras, la chica del agua

Antonia y Lorena, Honduras, mayo 2016

Extracto de la carta de Antonia en misión en el Punto Corazón de Honduras:

Quiero presentar también a Lorena. Ella tiene 27 años y vive a dos casas de distancia de la nuestra. Es hipo-acúsica y no habla, sólo se comunica a través de algunos gestos, con unos pocos sonidos que produce y con su GRAN sonrisa.
Cuando llegué, no sabíamos su nombre, sólo le decíamos “la chica del agua”, porque ella llegaba a nuestra casa cada dos o tres días a pedir si podía llevarse algunos baldes de agua, o si podía lavar ropa en nuestra “pila” (reserva de agua). Porque a nosotros, como al resto del barrio, el agua nos llega cada tres días (o sea que dos días de cada tres no hay agua en las canillas, sólo se usa el agua que sacamos de la pila con baldes). Pero a la familia de Lorena el agua casi ni les llega, ni siquiera cada tres días, porque tienen un problema en la cañería y no consiguen el dinero para arreglarlo.

Siempre me intrigaba su presencia, así que una mañana empecé a acompañarla y ayudarla a cargar los baldes hasta su casa. Ella me miraba y se reía sorprendida, y con señas me decía que faltaban varios viajes más. Y así, yendo y viniendo, como podía me fue contando que tiene siete hermanos, que a dos los habían matado, que uno vive en EE.UU. Me preguntó si tengo novio, y me contó que ella había tenido uno hace varios años, pero que lo mataron y desde ese día no quiso volver a enamorarse.
Y así, cada mañana que viene vamos entrando más en confianza.

Un día vio que estábamos anotando los cumpleaños, y nos contó que el de su mamá era al día siguiente. Aprovechamos el motivo y fuimos entonces con una torta a saludarla y conocerla, y resultó que hace muchos años la familia era muy amiga de Puntos Corazón, pero que en algún momento se había perdido la amistad con el cambio de misioneros, y ellos extrañaban ese vínculo pero no se animaban a acercarse por iniciativa propia. Lo gracioso fue que al llegar ese día nos enteramos que para el cumpleaños faltaban en realidad dos semanas, ¡había sido un malentendido! Pero todos estábamos contentos de que la confusión hubiese servido para conocernos. Desde ese día nos seguimos viendo, y siempre la familia de Lorena nos hace llegar ciruelas, sopa de res, pastel de algún cumpleaños.


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