• 16 de diciembre de 2013
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Brasil: la «escolinha» de la Fazenda

Valentina con los niños de la «escolinha»-Noviembre 2013

de Valen­tina F., volun­ta­ria argen­tina en la Fazenda do Natal

Cada mañana, y casi todas las tardes, abro las puer­tas de nues­tra que­rida “es­co­linha”, una linda sala donde los niños de la Fazenda pasan algu­nos momen­tos.
Des­pués de un poco de apoyo esco­lar, llega el momento de jugar. A veces hace­mos manua­li­da­des, arte, leemos cuen­tos, can­ta­mos, picnic, cami­na­tas, a veces el juego libre ocupa toda la tarde.

Esta posi­bi­li­dad de com­par­tir con ellos me “obliga” cada día a abrir mi cora­zón, a ser paciente, a res­pe­tar los tiem­pos, las dife­ren­cias, las difi­cul­ta­des y los inte­re­ses de cada uno, a amar­los así como son.
Es como un viaje cons­tante a mi infan­cia, al pasado. ¿Qué me gus­taba?, ¿qué deseaba? De todo lo que recibí, ¿qué les puedo ofre­cer? Sim­ple­mente darles la opor­tu­ni­dad de ser libres, de deci­dir, de expre­sarse, de sen­tirse amados.
Sus capa­ci­da­des son inmen­sas, aunque a veces tienen miedo de mos­trarlo, miedo de reco­no­cerlo, de ser humi­lla­dos nue­va­mente.

Daniel y Weber­ton tienen la increí­ble habi­li­dad de hacer de cual­quier cosa, de la cosa más simple e insig­ni­fi­cante, un gran juguete con el que pueden jugar un día entero; arcos, fle­chas, rombos, pipas o barri­le­tes, gran­des pistas de autos de piedra, avio­nes….
Marcos, Rafaela, Pris­cila y Rafael, nues­tros ado­les­cen­tes podrían pasar horas leyendo, inter­cam­biando y comen­tando his­to­rie­tas.
Daiane escribe her­mo­sos poemas.
Ana Caro­lina y Mariana adoran dis­fra­zarse, crear coreo­gra­fías e his­to­rias… Fer­nanda pre­fiere cantar.
Apa­re­cida, una joven con autismo, en sus momen­tos de ale­gría, de cantos y algu­nas pala­bras nos abre las puer­tas al res­peto, a la inte­gra­ción, ella con­si­gue recor­dar una melo­día con sólo escu­charla una vez.
La pequeña Duda, cada día nos sor­prende con una nueva his­to­ria donde brujas, prin­ce­sas, hadas y otros per­so­na­jes se juntan para crear una fan­tás­tica aven­tura sin fin.

Pero hay algo, una capa­ci­dad, que todos ellos tienen en común… ellos hacen de la cosa más simple, el objeto más pre­ciado, del momento más espon­tá­neo un recuerdo imbo­rra­ble, ellos se mara­vi­llan, se preo­cu­pan, se divier­ten. Su ino­cen­cia está intacta a pesar de las heri­das.
Mire­mos a cual­quier niño, les ase­guro que todos ellos tienen algo para darnos, algo para ense­ñar­nos: la sim­pli­ci­dad.


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