• 16 de abril de 2013
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Brasil: La vida que acontece en los detalles

Bea, Brasil 2013

de Agus­tina R., misio­nera en la Fazenda do Natal

Uno de los pri­me­ros acon­te­ci­mien­tos que marcó mi primer día fue el reco­no­cer que nece­si­ta­mos siem­pre buscar maes­tros. Con Bea -la pequeña con la que vivo- comen­za­mos a com­par­tir las pri­me­ras pala­bras en idio­mas dife­ren­tes, pero per­ci­biendo mi pobreza se sentó a mi lado un poco tímida y me ense­ñaba cada una de las cosas que esta­ban sobre la mesa.
Recuerdo su primer gesto gra­tuito: ense­ñarme a rezar el Padre Nues­tro, las dos repi­tiendo pala­bra por pala­bra en un encuen­tro tan pro­fundo e indes­crip­ti­ble.
Des­cu­brí en esta expe­rien­cia el arte de ser dis­cí­pulo, deján­dome educar por ella y ver refle­jada la com­pa­sión de la pequeña hacia mí. Real­mente unos segun­dos donde se des­di­bu­jan los sen­ti­dos, una ver­da­dera expe­rien­cia de amor.


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