• 10 de septiembre de 2015
es

Educando con paciencia

Fazenda do Natal, agosto 2015

De Pamela y Guillermo, en misión en la Fazenda do Natal (Brasil):

Cada noche uno de los voluntarios va a comer a la casa de la familia de Rosângela, para intentar crear ese clima de familia que genera el cenar juntos, cocinar, poner la mesa y comer sentados... algo que parece tan normal para cualquiera de nosotros. Entonces sabiendo más o menos lo que nos esperaba, pedimos a otros voluntarios de cuidar a Ana y a Weverton y nosotros fuimos a cocinar y comer con la familia de Rosângela. Quedó gravado en nuestra pupila, Marilia gritando y pateando la heladera e insultando a su mamá, Marcio saltando encima de la garrafa de gas y tirando de la manguera que la conecta a la cocina, Maiara arriba de la mesa golpeando los platos de metal completando la orquesta. Es muy triste porque esta escena, se repite casi todo el día y todos los días. Pero aquí estamos, y con la gracia de Dios hacemos lo que podemos.

Marilia y Marcio comenzaron la escuela, lo que es muy bueno, porque Marilia con 9 años no sabe aún contar hasta 10. De a poquito y con paciencia van aprendiendo, son como esponjitas pues a su edad absorben todo y ya entendieron el poder de las palabras «perdón», «gracias» y «por favor». Acá entendemos las palabras de Jesús «perdonar 70 veces 7», porque ante cada macana que se mandan, ante cada berrinche, ante cada desobediencia y golpe... hay que corregir, sí, corregir con firmeza pero también abrazar. Abrazarlos física y espiritualmente, porque necesitan mucho cariño, mucha atención, necesitan ser perdonados todo el tiempo, ser contenidos, ser abrazados. Así como son capaces de los gritos e insultos y de las patadas más violentas, también son capaces de los abrazos y caricias más dulces y de las miradas más profundas. Rosângela, de manera particular, se caracteriza por ser una persona muy atenta a las necesidades del otro. Percibe cuando estamos necesitando un cariño, una sonrisa! y su arma es Maiara, a la que manda corriendo a darte un beso y un abrazo, o le da una florcita para que Maiara te la regale y así te mueras de ternura! Y cuando se siente agradecida te repite mil veces: «Que Dios te bendiga, que Dios te cuide, va con Dios, que Dios te recompense... que Dios te cuide, que Dios te bendiga...»


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