• 6 de marzo de 2015
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Atenas: Nikita y Giorgios

Nikita y Giorgios, Grecia 2015

Testimonio María (misionera ucraniana) desde el Punto Corazón de Atenas.

Por ella misma la realidad nos envía ángeles. ¡Cuánto nos enseñan nuestros amigos! Sobre todo la simplicidad del corazón. Sólo hace falta mirarlos y ellos nos enseñan lo esencial.
Quisiera hablarles de un matrimonio maravilloso. Viven juntos desde casi 50 años. Nikita no escucha casi nada, pero sin embargo en ella la vida sigue en ebullición. Como verdadera ama de casa, continua a correr en el departamento, a preparar y ordenar siempre algo. ¡Mismo si está medio encorvada ella sigue corriendo! Giorgios tiene un silbato especial colgado a su cuello para llamar a su mujer cuando ella está en otro cuarto. Él casi no se levanta de su silla de ruedas porque le es difícil caminar. Sin embargo en sus ojos se puede percibir el amor de un joven que no deja de bromear con su Amada. Esta pareja es un ejemplo extraordinario de amor y de atención mutua.

¡Cuántas cosas bellas Dios nos da en esta vida! Y cuantas veces nosotros no las vemos o no las queremos ver. Cuanto tiempo perdemos enredados en nuestros problemas, nuestros atajos e ideas que nos son impuestas. Nosotros mismos nos complicamos la vida. Deberíamos aprender a ver el mundo más sencillamente con los ojos del niño que no conoce todavía todas esas agitaciones. Deberíamos aprender a mirar lo que pasa en nosotros, lo que Dios nos da todos los días. Aprender a darse cuenta de la belleza que nos rodea. El canto de los pájaros, una sonrisa que pasa cerca de nosotros, el susurro de las hojas, de manos calurosas,... “En las pequeñas cosas hay pequeños detalles. Nunca los hemos merecido. Como la belleza que viene a nuestro encuentro” (Alexandre Filonenko). Dejar la belleza en el corazón, dejar a Dios en nuestra vida.


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