• 2 de julio de 2008
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Arte y compasión

© Pintura de M. Ciry

Arte: El Maestro de Compasión

Desde nues­tra fun­da­ción apren­de­mos mucho de los niños que son en muchos luga­res nues­tros pri­me­ros amigos y maes­tros. Poco a poco tam­bién cons­ta­ta­mos que los artis­tas tam­bién podrían ser muy buenos maes­tros de com­pa­sión, pues nues­tra voca­ción -como la de ellos- es dar nues­tras pro­pias vidas para brin­dar al mundo un nuevo modo de mirar la rea­li­dad: la nues­tra a través del carisma, la de ellos a través de su crea­ción.

El arte nos hace buscar la Belleza

Al pintor le gustan los colo­res, al escul­tor le gusta la madera, al pia­nista le gusta cada nota. En su mano el mate­rial será trans­for­mado, exal­tado para poder expre­sar el ver­da­dero camino íntimo y único de la mirada del artista. Así el artista revela al mundo la verdad de este mate­rial, lo que esto es capaz de dar y ser.

Como artis­tas de los barrios y ambien­tes donde esta­mos, nues­tro tra­bajo es reve­lar detrás de cada rostro encon­trado -espe­cial­mente el de los más recha­za­dos- y delante de cada acon­te­ci­miento, la ver­da­dera belleza de cada cora­zón, a través de la amis­tad y la ora­ción.

El arte tiene el sabor de la nostalgia

El arte tra­duce lo más pro­fundo en el cora­zón del artista: la imagen del alma. Ni imita, ni repite sino que dice la aspi­ra­ción ori­gi­nal de Hombre al Infi­nito. La belleza finita de una pieza de arte mues­tra la sed del hombre por una Belleza Infi­nita.

En Puntos Cora­zón, al acer­car­nos al sufri­miento, a la gente pobre, a los indi­gen­tes, apren­de­mos que el Hombre ha sido creado para ’algo más grande’ que su situa­ción real.

El arte nos llama a una comunión

Pode­mos pasar delante de una obra de arte y juz­garla de un vis­tazo, o pode­mos elegir pasar tiempo delante de ésta en una acti­tud de res­peto, pidiendo la gracia de entrar en comu­nión con el artista. Enton­ces, incluso si nues­tra inte­li­gen­cia no entiende todo, nues­tro juicio sobre ésta será dife­rente.

Con el sufri­miento sucede a menudo lo mismo, pues está fuera de nues­tro enten­di­miento. Es por eso que noso­tros pre­fe­ri­ría­mos pasar y no per­ma­ne­cer. Los miem­bros del Movi­miento desea­mos estar de pie delante de la rea­li­dad tra­tando de escu­char más que de hablar, tra­tando de apren­der y no de ense­ñar, ofre­ciendo una pre­gunta más que una expli­ca­ción. Enton­ces la rea­li­dad se nos dará tal como es. Enton­ces la cruz tomará la cara de una per­sona, enton­ces una comu­nión es posi­ble, enton­ces la com­pa­sión es posi­ble.

El arte revela la Belleza y por lo tanto revela la belleza de huma­ni­dad, la belleza del cora­zón.


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