• 7 de junio de 2017
es

Angie B., Valparaíso (Chile)

Angie, de Santa Fe, está en misión en Val­pa­raíso-Chile desde 2016.
Des­pués del incen­dio en Val­pa­raíso nos cuenta:

De pronto, escu­ché a alguien gritar: ¡Ve­cino! ¡Al fin encon­tré la llave de mi casa! Miré de dónde pro­ve­nía la voz; sólo vi un montón de chapas retor­ci­das, los restos de un balón de gas, algo que quizás había sido una bici­cleta y este hombre son­riente con las llaves en sus manos; no pude evitar reírme y recor­dar el humor chi­leno. Seguí un poco más esqui­vando chapas vola­do­ras y los restos de “es­ti­los de vida”. Me encon­tré con una señora, la saludé y me invitó a pasar a su casa. ¡Qué absurdo! Se dis­culpó no poder darme una silla para sen­tarme. Char­la­mos un poco y con tris­teza me dijo: es una lás­tima que suce­dan estas cosas, para recor­dar­nos que los demás exis­ten.
Hoy recor­dando todo esto, me pre­gunto si esta afir­ma­ción es ver­da­dera. Es cierto, que la TV mues­tra la soli­da­ri­dad y la fuerza chi­lena para enfren­tar estas catás­tro­fes... pero ¿acaso, ésta fuerza no es edu­cada en el seno mismo de los hoga­res chi­le­nos? De manera más silen­ciosa, escon­dida. Como inver­na­de­ros que cuidan de las flores más frá­gi­les hasta que puedan dar toda su belleza.


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