• 10 de agosto de 2012
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Analía - San José, Costa Rica

Carta a los padrinos, mayo 2016:

Durante los primeros dos meses, los güilas (como dicen aquí a los niños) no venían, pero rápidamente caminando por el barrio pudimos ver que habían muchos, sobre todo en el parque. Decidimos salir a jugar afuera con una cuerda y una pelota, y como si fuera una ecuación matemática comenzaron a acercarse más y más. Ahora no podemos caminar por la calle sin ser detenidas por grandes sonrisas y por bracitos que se cuelgan en nuestros cuellos.

Nuestra casa queda en una colina y está rodeada de un inmenso espacio verde y de bellos árboles. Las tardes comienzan con la oración del rosario y los niños van descubriendo esta oración. Para la mayor parte de ellos es una novedad (mismo para los que son católicos), pero se entregan a ella con todo el corazón: “le pido a Dios por ustedes tres”, dice Axel de cuatro años a quien el PANI (el organismo del gobierno que se encarga de velar por los niños) acaba de sacar a su mamá. “Para que Dios me permita vivir muchos años más” reza Jordan de 10 años, que sufre del corazón y que espera desde hace meses ser atendido por un especialista en el hospital público, o Escarlet de 12 años, la “jefa” y la más tremenda, que busca flores para ponerle a nuestra Virgencita negra.


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