• 5 de diciembre de 2014
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20 años del Punto Corazón de San Salvador

En Puntos Cora­zón nos gusta fes­te­jar el cum­plea­ños de nues­tros amigos porque sus vidas son muy impor­tan­tes para noso­tros. “Es­ta­mos aquí para amar”, para amar sus vidas más que ellos mismos.

Estos 20 años de vida y de amis­tad del Punto Cora­zón Faus­tino Pérez en El Sal­va­dor, son una oca­sión para hacer memo­ria y dar gra­cias por los muchos frutos que el Señor nos ha per­mi­tido y nos per­mite reco­ger, por el gran amor que nos tiene al per­mi­tir­nos estar hoy aquí al lado de este pueblo mara­vi­lloso.

Cuando aquel 11 de noviem­bre de 1994, Gui­ller­mina, Alyeta, Damián y yo lle­ga­mos a este pequeño país no sabía­mos toda­vía adónde sería nues­tro “es­ta­blo”. La his­to­ria de esta fun­da­ción es final­mente una Posada. Como María y José empe­za­mos a pedir Posada. Reco­rri­mos varios luga­res y parro­quias del país. Y fue la parro­quia María Auxi­lio de los Cris­tia­nos en la Colo­nia Iberia que nos acogió con el cora­zón y los brazos abier­tos. Recuerdo la pri­mera misa en la parro­quia adonde fuimos pre­sen­ta­dos por el párroco, en ese pri­mero domingo de Adviento. Es como si la gente nos espe­raba desde hacía tiempo, como si nues­tra pre­sen­cia res­pon­día a sus gritos y ple­ga­rias. Y en cuanto a la hos­pi­ta­li­dad de cora­zón nunca había visto algo seme­jante: ense­guida nos adop­ta­ron ¡y para siem­pre! Inme­dia­ta­mente nos sen­ti­mos aco­gi­dos en cada cora­zón como en nues­tra propia casa, aunque mate­rial­mente toda­vía no la tenía­mos.

Gra­cias a la Pro­vi­den­cia y a la ayuda del diá­cono per­ma­nente de esta parro­quia y a una feli­gresa con una fe inmensa, “nues­tra mamá”, como solía­mos lla­marla, pudi­mos dar el primer paso e ins­ta­lar­nos pro­vi­so­ria­mente en una pequeña casa, el 22 de diciem­bre de ese mismo año, justo antes de Navi­dad. Al día siguiente nues­tra casa no tardó en lle­narse de niños; todos juntos acom­pa­ña­mos a Danilo a soplar sus veli­tas. Había una tal ale­gría en su rostro que nos hacía pensar que era la pri­mera vez que fes­te­jaba su cum­plea­ños de esta manera, y sin embargo fue muy sen­ci­llo. Todo este tiempo de bús­queda y de mucha pacien­cia nos pre­paró inte­rior­mente para esa Navi­dad y para acoger todo lo que el Señor nos tenía pre­pa­rado como un regalo venido de sus manos. “Más aún, el acon­te­ci­miento de Navi­dad es una Pascua: la que nos hace pasar de lo exte­rior a lo inte­rior y hace que todo lo creado tome el camino de regreso”. Nos ins­ta­la­ría­mos defi­ni­ti­va­mente en nues­tra casa Puntos Cora­zón, muy cer­quita de la pri­mera, algu­nos meses des­pués…

El cami­nar sobre las aguas, en la con­fianza y la espe­ranza, a imagen del cora­zón de este pueblo, es lo que hemos expe­ri­men­tado en esos pri­me­ros meses de fun­da­ción y a lo largo de todos estos años, más aún, recien­te­mente en la pre­pa­ra­ción de los fes­te­jos, como el día mismo de cada evento.

Dios me ha hecho la mise­ri­cor­dia de volver a este bellí­simo país, para ser tes­tigo de las mara­vi­llas que el Señor obra en cada uno. ¿Pun­tos Cora­zón no es acaso un obra de Mise­ri­cor­dia?

Hna. Liliana
Ser­vi­dora de la Pre­sen­cia de Dios


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