• 7 de septiembre de 2009
es

Compartir concierto a beneficio

El pasado 22 de agosto, acon­te­ció el con­cierto de la Maes­tra Pía Sebas­tiani y el señor Rafael Gin­toli a bene­fi­cio del Movi­miento Puntos Cora­zón, que hace un tiempo orga­ni­zá­ba­mos.

Fue una velada mara­vi­llosa, espe­cial­mente por la ale­gría del encuen­tro cele­brado entre Pía y nues­tro amigo Fran­cisco Manuele, que tuvo como marco este mara­vi­lloso con­cierto con música de Beth­o­veen y Brahams. Como dijo padre Juan Marcos en su dis­curso de bien­ve­nida a los pre­sen­tes “este con­cierto antes de ser un evento a bene­fi­cio, con fines eco­nó­mi­cos, es pri­me­ra­mente la cele­bra­ción y el fruto de una his­to­ria de amis­ta­des”.
Así lo mani­festó tam­bién Rafael, el vio­li­nista luego de la velada: -“Pensé que venía a un con­cierto más, pero me dí cuenta que era muy espe­cial. Gra­cias chicos”, y algu­nos títu­los de los dia­rios de Paraná y Santa Fe: -“La his­to­ria de una amis­tad será cele­brada en un gran con­cierto”, “Pía Sebas­tiani tocará para Fran­cisco Manuele”.
La noche se desa­rro­lló estu­pen­da­mente. Pudi­mos allí además de gustar de la música de cámara, pre­sen­tar la misión de nues­tros Amigos de los niños argen­ti­nos a todos los pre­sen­tes y ofre­cer un momento lleno de sen­tido.

Toda­vía per­ma­ne­ce­mos en el asom­bro de lo que hemos vivido, no sola­mente por la cali­dad de las inter­pre­ta­cio­nes, sino tam­bién por todo lo que fue expre­sado por las per­so­nas que nos hicie­ron el honor de res­pon­der a nues­tra invi­ta­ción. Su pre­sen­cia fue un gran apoyo a nues­tra misión.

Damos gra­cias en nombre de Puntos Cora­zón a los artis­tas, a todos los pre­sen­tes, a las per­so­nas que cola­bo­ra­ron en la pre­pa­ra­ción y desa­rro­llo del evento, a los aus­pi­cian­tes…
Para noso­tros no hubo gran­des y peque­ños apor­tes. Cada gesto fue reci­bido como un signo de amor a Cristo y a la misión de la Igle­sia.
Son muchos padri­nos como un manan­tial escon­dido que per­mi­ten a un Amigo de los niños vivir su misión. Cada uno según su bene­vo­len­cia cola­bora libre­mente en nues­tra tarea de llevar la pre­sen­cia de Dios a todos los hom­bres, espe­cial­mente a los más sufrien­tes.

Tene­mos con­cien­cia que lo más impor­tante per­ma­nece invi­si­ble: lo que fue sem­brado en la ora­ción y la cari­dad com­par­tida que tiene por fin la gloria de Dios y un valor eterno.

VER FOTOS: http://www.daily­mo­tion.com/rele­vanc...


Volver